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«Bullying, la crónica más triste de una muerte innecesaria»

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Bullying acoso escolar

Después de un largo verano que parece no tener fin y donde muchos ojos miran al cielo esperando las lágrimas de las nubes, otros miran a las nubes con lágrimas esperando que éstas dejen su llanto y paren las inundaciones.

Pero hoy mis ojos lloran por la niña de 14 años, alumna de un colegio bien (aunque pudiera ser cualquiera y de cualquier lugar) que no ha podido resistir la presión y el acoso de sus iguales en una etapa de la vida donde todo debe ser adecuado para la formación humana y mental; para caminar con digna claridad por la vida. Una vida que en algunos casos, otros desaprensivos y “sinsentido”, vuelven gris hasta fundirse en negro. Igual que los que tienen en sus manos poner freno a este delito activando el Protocolo Contra el Acoso Escolar miran para otro lado, como ha ocurrido en este caso, para evitar ser señalados. ¿Y ahora cómo pueden evitar el bochorno?

Por desgracia no es el primer caso de menores que no han podido superar las presiones y burlas despiadadas, pero esperemos que sea el último (las estadísticas son demoledoras). Para ello son precisas las actuaciones contundentes de observar, intervenir y avisar. Igual que formar a acosados y acosadores, todos víctimas de causas diferentes y en edad todavía inmadura.

Hace apenas unos días, el 10 de octubre, se celebraba el Día Mundial de la Salud Mental, que desde 1992 resalta la importancia del bienestar emocional y es promovido por la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH), cuyo lema para este 2025 ha sido el ‘Acceso a los servicios de salud mental durante catástrofes y emergencias’, pues sin duda las víctimas de estas circunstancias dolorosas precisan con urgencia el consuelo y el trato de los expertos para poder superar el dolor emocional y el físico.

Igual que los que tienen en sus manos poner freno a este delito activando el protocolo contra el acoso escolar miran para otro lado

Las enfermedades mentales existen desde el inicio de la humanidad y la mayoría han trascendido hasta nuestros días con diferentes nombres, achacadas a diferentes causas y atajadas de diferentes formas algunas inhumanas. En la antigüedad la creencia de muchas culturas y religiones era que la enfermedad mental estaba relacionada con la posesión demoníaca y para liberarse de ello bien podría utilizarse, por ejemplo, ‘La practica de conjurar en que se contienen exorcismos y conjuros contra los malos espiritus de cualquier modo existentes en los cuerpos humanos’, en este caso escrito por Fr. Luis de la Concepción del Orden de la Santísima Trinidad Descalza en 1721 (descargable para lectura completa). Ahora, una de las causas de los problemas de salud mental en la mayoría de las sociedades es el diablo universal denominado estrés.

Figuras relevantes en los todos los ámbitos de la Historia han padecido de problemas mentales, por citar algunos: Calígula, Justino II de Bizancio, Ivan ‘El terrible’, Luis II de Baviera, Carlos VI de Francia o Felipe V que padecía trastorno bipolar, sufría alucinaciones, y creía ser una rana. Más próximos a nuestro tiempo, muchos personajes de cualquier actividad o disciplina, con delirios, circulan entre la multitud con caretas de carnaval para pasar inadvertidos.

Volviendo a los suicidios (no quería emplear esta maldita palabra pero es que los sinónimos según la RAE son más horrendos todavía: autolisis, inmolación), muchas pueden ser las causas para que alguien quiera acabar con el dolor diario, pero si ese no querer seguir adelante viene causado por otros (bullying, acoso, maltrato) el terror y el dolor se agranda. Es una paradoja que se ponga el foco en la debilidad de quien no puede más, de quien no ha sabido pedir ayuda, de quien no ha podido confiar su sufrimiento a nadie, de quien no ha tenido herramientas para defenderse.

Es una paradoja que se ponga el foco en la debilidad de quien no puede más

Es entonces cuando afloran las preguntas: ¿Quién tiene un grave problema de salud mental: el agredido o el agresor? ¿Qué pasa por la mente de los agresores silenciosos? ¿Cuál es su debilidad para querer demostrar su superioridad? ¿Qué victoria les supone arrebatar una vida sin mancharse las manos? ¿Cómo medir el inmenso dolor de quien se va sin despedirse?

No es cuestión de hablar únicamente de psicofármacos, de un país medicado y del uso y abuso de los medicamentos, porque posiblemente las víctimas son las que más usan y abusan de esos medicamentos para poder seguir adelante con el uso y abuso de sus maltratadores, seres que jamás reconocerán que el abuso continuado hacia otros iguales es motivo de su enferma salud mental, por lo tanto, éstos jamás se someterán a terapias, ni aceptarán su pésima integración en la sociedad tranquila que todos deseamos.

Una sociedad donde los padres puedan estar tranquilos dejando a sus hijos en un adecuado centro educativo, o los hijos que dejen a sus padres en residencias de ancianos (por diversos motivos) tengan la seguridad de que nadie les va a maltratar, para los que también existe el protocolo de Prevención Global del Maltrato de las Personas Mayores. Y lo peor de todo, es que tal y como funciona la gran ventana social con vistas al mundo de los “likes”, ese es el triunfo que buscan los “sinsentido” y “malababa”, sin darse cuenta que su brutalidad también queda marcada en los anales y no para bien.

Descanse en paz esta pobre niña de 14 años, Sandra Peña, de un colegio de Sevilla, que se suma a la lista de otros nombres grabados en lápidas blancas por culpa de los que escupieron tinta para escribir las crónicas más amargas.

Pilar del Campo Puerta

Documentalista y escritora

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2 COMENTARIOS

  1. Gracias por el articulo, espero que ayude
    a que seamos capaces de poder gestionar estos temas antes de que ocurran. Es inconcebible que suceda
    y nadie actue con antelación.
    Apoyo a esos padres en su dolor.

  2. Gracias por el articulo. Espero que ayude
    a que seamos capaces de poder gestionar estos temas antes de que ocurran. Es inconcebible que sucedan y
    nadie actúe con antelación .
    Apoyo a esos padres en su dolor.

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