
Artículo de los doctores Javier Urra y Gabriel Kaplan basado en su libro ‘Un País Medicado: Uso y Abuso de los Psicofármacos’.
España se ha convertido en uno de los países con mayores tasas de consumo de psicofármacos del mundo. Ansiolíticos, antidepresivos e hipnóticos —en particular benzodiacepinas como el diazepam, alprazolam y clonazepam— se recetan de forma sostenida, situándonos sistemáticamente entre los primeros puestos del ranking internacional, según datos de organismos como la ONU y la OCDE.
Estos números suelen presentarse en los medios con titulares alarmistas, aunque a menudo sin el contexto necesario. El aumento del consumo no implica por sí solo abuso, dependencia ni uso indebido. Se trata de un fenómeno complejo que debe analizarse desde múltiples ángulos.
La búsqueda de alivio frente al sufrimiento es tan antigua como la humanidad. Restos arqueológicos sugieren que incluso los neandertales y el Homo Erectus utilizaban plantas con propiedades medicinales. La psicofarmacología moderna, por su parte, surgió en el siglo XIX y ha evolucionado notablemente, transformando el abordaje de los trastornos psiquiátricos. Gracias a ella, se han reducido las internaciones prolongadas y muchas personas han podido recuperar su calidad de vida.
¿Por qué, entonces, consumimos tanto? Las explicaciones son múltiples. Se suele señalar la escasez de psicólogos en la sanidad pública y el escaso tiempo disponible en las consultas de atención primaria. Sin embargo, otros países europeos con una mejor dotación de profesionales muestran niveles de consumo similares o incluso más altos que los de España.
Otros países europeos con una mejor dotación de profesionales muestran niveles de consumo similares o incluso más altos que los de España.
También influyen factores sociales clave: el estrés laboral, la precariedad y la desigualdad generan un malestar emocional real. Cuando ese malestar se convierte en ansiedad o depresión clínica, el tratamiento médico puede ser necesario, aunque las causas tengan un origen social. No podemos dejar de tratar a quien sufre solo porque el origen del problema no sea exclusivamente médico.
Otro aspecto relevante es el uso prolongado de psicofármacos en personas mayores, especialmente benzodiacepinas. Aunque estos fármacos aumentan el riesgo de caídas y otros efectos adversos —y su uso debe ser reevaluado de forma periódica—, este grupo etario representa menos del 10 % de la población, por lo que su peso en el consumo total es limitado.
Tampoco es cierto que la mayoría de los pacientes busque soluciones rápidas. De hecho, estudios muestran que muchas personas optarían por psicoterapia si tuvieran acceso real a ella. La automedicación, si bien existe —a veces impulsada por redes sociales o recomendaciones informales—, no es el principal motor del fenómeno.
No hay una causa única que explique el elevado uso de psicofármacos en nuestro país.
En definitiva, no hay una causa única que explique el elevado uso de psicofármacos en nuestro país. Es una realidad multifactorial que debe abordarse sin prejuicios ni reduccionismos. No podemos etiquetar todo incremento como abuso ni ignorar los beneficios que estos tratamientos aportan a quienes verdaderamente los necesitan. Las estadísticas deben leerse con cautela, recordando que detrás de cada número hay una persona y una historia particular.
Idealmente, la decisión de iniciar un tratamiento psicofarmacológico debe surgir del diálogo entre paciente y profesional. Esta decisión debe basarse en un enfoque racional, compartido y bien informado, donde se analicen con claridad los beneficios, riesgos y alternativas disponibles. Es fundamental que quien esté considerando iniciar o continuar un tratamiento consulte fuentes confiables: no al “Dr. Google”, sino a materiales elaborados por profesionales idóneos. Un paciente que comprende su tratamiento está mejor preparado para hacer preguntas, expresar dudas y participar activamente en su cuidado. Y si finalmente forma parte de las estadísticas de “alto consumo”, lo hará sabiendo que ha elegido, junto a su médico, lo más adecuado para su bienestar.







