Inicio EN CLAVE MOTOR

La gestión de baterías de coches eléctricos prioriza la segunda vida y el reciclaje de materiales críticos

0
Coches eléctricos bateria del Volvo EX60 en concesionario Volvo Ditevo madrid foto Boadilladigital
Batería eléctrica del Volvo EX60. (Foto: ARC/Boadilladigital).

El destino de las baterías de los vehículos eléctricos tras agotar su vida útil en la automoción no es el vertedero ni la destrucción incontrolada, sino un proceso regulado de reutilización y recuperación de materiales.

Según el marco normativo actual, Reglamento (UE) 2023/1542, estas unidades entran en un circuito de economía circular que busca minimizar el impacto ambiental y garantizar la autonomía estratégica de materias primas en Europa mediante la recuperación de componentes como el litio, el cobalto y el níquel.

El ciclo de gestión comienza cuando la batería deja de ser funcional para el vehículo (generalmente por debajo del 70-80 % de su capacidad original), ya sea por degradación natural, avería o tras un siniestro, el protocolo europeo exige su entrega en un Centro Autorizado de Tratamiento (CAT). A partir de aquí, el sistema se rige por la responsabilidad ampliada del productor, que obliga a los fabricantes de automóviles a organizar y financiar la recogida y el tratamiento de estos residuos, asegurando que el usuario no tenga que gestionar el proceso de forma individual.

Además, la Comisión Europea estableció que desde el pasado el 31 de diciembre de 2025 los procesos de reciclaje deberán alcanzar una eficiencia mínima del 65 % para las baterías de litio y del 80 % para las de níquel-cadmio. Estos porcentajes se elevarán progresivamente hasta el 80 % para el litio en 2031.

A medio plazo, entrará en vigor la obligación de declarar la huella de carbono de las baterías y la implantación de un Pasaporte Digital mediante código QR, obligatorio a partir de 2027, que permitirá conocer la composición y el historial de cada unidad.

Reutilización y segunda vida del almacenamiento

Antes de proceder al desmantelamiento químico, los técnicos evalúan si la batería es apta para una segunda vida. Aunque una unidad ya no sea eficiente para las exigencias de aceleración y autonomía de un coche, puede conservar una capacidad de almacenamiento significativa. Estas se reacondicionan para su uso en instalaciones fijas, como sistemas de apoyo para energías renovables o almacenamiento energético en redes eléctricas, prolongando su utilidad varios años más antes de ser consideradas residuo definitivo.

Cuando la batería ya no es apta para ningún tipo de uso energético, se traslada a plantas de reciclaje especializadas. Allí se somete a procesos de estabilización y despiece para extraer materiales estructurales (aluminio, cobre y plásticos) y los elementos químicos de sus celdas. El objetivo es reintegrar estos minerales en la cadena de producción de nuevas baterías, cerrando así el ciclo de los materiales y reduciendo la dependencia de la minería extractiva.

El desarrollo de tecnologías de recuperación con alta pureza está permitiendo que los materiales recuperados mantengan sus propiedades de calidad. Esto no solo cumple con las exigencias medioambientales europeas, que imponen porcentajes de recuperación de materiales cada vez más estrictos, sino que también garantiza que la industria del coche eléctrico sea sostenible durante todo su ciclo de existencia, desde la fabricación hasta su reciclaje final.

RECIBE NUESTRAS NOTICIAS DE FORMA SEMANAL

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí