Los coches eléctricos simplifican mucho la vida del conductor: no hay que cambiar aceite, correas, ni embrague, y el motor apenas tiene piezas móviles. Aun así, siguen necesitando cuidados y revisiones para garantizar seguridad, autonomía y durabilidad.
Según datos analizados por CARFAX y GANVAM, hay casi 200.000 coches eléctricos circulando en España.
La frecuencia de averías por cada 1.000 vehículos es claramente inferior en los eléctricos jóvenes (hasta 4 años) frente a los de combustión, aunque el número absoluto de incidencias está creciendo porque el parque eléctrico aumenta. El Observatorio de la DGT señala que las asistencias a vehículos primeros crecieron un 40% en 2023.
Estudios basados en millones de asistencias en carretera muestran que, con 4 años, los eléctricos registran unas 8,5 averías por cada 1.000 vehículos, frente a unas 12,9 en coches de combustión. En los de 2 a 4 años, la brecha es aún mayor: alrededor de 3,8 averías por cada 1.000 eléctricos, frente a 9,4 averías por cada 1.000 térmicos.
Las cifras están ahí, pero no significa que los eléctricos no necesiten un mantenimiento o que éste deba ser menor. Los fabricantes recomiendan pasar revisión cada 2 años o 30.000 km, aunque depende del modelo. Suelen incluir diagnóstico electrónico, control visual de frenos, suspensión, neumáticos y comprobación de sistemas de alta tensión. En términos generales, el coste de mantenimiento anual es entre un 30 % y un 50 % inferior al de uno de gasolina o diésel.
Aspectos a tener en cuenta
El software
El motor eléctrico no necesita lubricación como el de combustión, de modo que desaparecen los cambios de aceite, filtros de aire y bujías. Sin embargo, ganan protagonismo otros elementos menos visibles:
- Actualizaciones de software: muchas marcas corrigen o mejoran funciones del coche mediante actualizaciones periódicas. En algunos casos se hacen automáticamente (por Internet) y en otros, en taller.
- Sistema de refrigeración de la batería: aunque el motor no se calienta igual, la batería sí. Conviene revisar cada cierto tiempo el nivel y estado del líquido refrigerante, que mantiene la temperatura óptima del sistema de alto voltaje.
Frenos más duraderos
El coche eléctrico utiliza la frenada regenerativa, que convierte parte de la energía de la desaceleración en electricidad para recargar la batería. Gracias a ello, las pastillas y discos se desgastan mucho más despacio: pueden durar el doble o el triple que en un coche de gasolina. Aun así, hay que revisar el líquido de frenos y comprobar que el sistema no se agarrote por falta de uso, especialmente si el coche circula sobre todo por ciudad y frena poco con el pedal.
Neumáticos
En los eléctricos, las ruedas son igual de importantes que en cualquier coche.
- Presión: conviene revisarla al menos una vez al mes; un neumático bajo de presión reduce la autonomía y desgasta más rápido la banda de rodadura.
- Dibujo y desgaste: los eléctricos pesan más y tienen un par motor instantáneo, por lo que los neumáticos se gastan antes si se acelera con brusquedad.
- Rotación de ruedas: cambiar los neumáticos de eje (delantero/trasero) cada 10.000-15.000 km ayuda a mantener un desgaste uniforme.
Batería y carga
- Revisión del sistema de carga: los cables, conectores y puntos de carga deben inspeccionarse periódicamente, sobre todo si se cargan al aire libre.
- Estado de la batería: algunos talleres oficiales pueden hacer un diagnóstico del estado de salud (SoH) de la batería, que indica si mantiene su capacidad original.
- Consejos de uso: evitar dejar la batería mucho tiempo al 100 % o al 0 %, y mantenerla entre el 20 % y el 80 % en el día a día alarga su vida útil.
En este punto hay que decir que lo peor del mantenimiento de un coche eléctrico es el coste potencial de sustitución o reparación de la batería (la Unión Europea prepara una regulación para implantar un DNI en cada una de ellas). Es el componente más caro del vehículo y, si bien su duración está garantizada por el fabricante (normalmente entre 8 y 10 años o hasta 160.000-200.000 km para mantener un porcentaje de capacidad), una avería o su degradación a largo plazo implican un coste muy elevado. Para evitar esto último es conveniente tener en cuenta algunos aspectos para cargarla.
Sustituir una batería completa puede oscilar actualmente entre 4.000 € y más de 20.000 € (dependiendo del modelo, la marca y el tamaño de la batería). Aunque cada vez más se opta por reemplazar solo módulos defectuosos, la factura sigue siendo considerable.
Además, para esta sustitución hay que acudir a un taller con mano de obra especializada: requieren técnicos y talleres certificados, lo que limita las opciones fuera de la red oficial y puede encarecerla.
Elementos comunes que no desaparecen
Aunque no haya motor de combustión, el coche sigue teniendo:
- Suspensiones y amortiguadores, que deben revisarse como en cualquier vehículo.
- Dirección asistida y sistema de climatización, que incluyen filtros de habitáculo y líquido hidráulico o refrigerante.
- Limpiaparabrisas, luces, escobillas y líquido limpiacristales, que requieren el mismo mantenimiento que en cualquier coche convencional.







