
La falta de carriles bici segregados y seguros lastra el transporte limpio en la región, donde solo un 1,3 por ciento de los viajes se hace en bicicleta, frente a proporciones del 39 % en Ámsterdam o el 11 % en París.
La ciudad de Madrid y su área metropolitana acumulan un retraso en el uso de la bicicleta como medio de transporte cotidiano en comparación con las principales capitales y regiones del entorno europeo. Pese a los discursos oficiales sobre sostenibilidad, las redes viarias de la capital y la Comunidad de Madrid no han avanzado al ritmo exigido por sus ciudadanos, manteniéndose en niveles de uso residuales impulsados, de forma determinante, por la escasez de vías ciclistas protegidas y segregadas del tráfico a motor.
Según se desprende de un informe publicado por la organización Ecologistas en Acción de Madrid, dentro de la M-30 solo se efectúa un 1,3 % de los desplazamientos diarios en bicicleta, en comparación con el conjunto de medios de transporte e incluyendo los trayectos a pie. Este porcentaje sitúa a la capital a una distancia holgada de urbes de referencia como Ámsterdam, donde las bicicletas suponen un 39 % de la movilidad global. Asimismo, la cifra madrileña queda lejos del desempeño de grandes capitales continentales como Berlín (18 %) o París (11 %).
Movilidad sostenible
Desde el colectivo ecologista recuerdan que la hegemonía de la bicicleta en otros puntos del continente no responde a factores socioculturales inmutables. En la década de 1970, Ámsterdam registraba elevados niveles de saturación de vehículos y una alta siniestralidad vial. Sin embargo, la presión social ciudadana unida a la crisis del petróleo de 1973 motivaron un rediseño urbano basado en la implantación masiva de carriles bici segregados. Un modelo de infraestructura viaria que, de acuerdo con el documento, resulta determinante para convertir el potencial de usuarios en ciclistas reales.
Actualmente, sólo un 8 % de la población madrileña afirma sentirse cómoda o segura al pedalear compartiendo calzada entre vehículos de motor. Esta brecha entre la oferta proyectada y la red ejecutable de carriles de la región frena el crecimiento del colectivo. Por ello, el informe incide en que desplegar infraestructuras segregadas supondría la medida más rápida y económica para reducir la contaminación del aire y acústica, rebajar la emisión de gases de efecto invernadero y mitigar la dependencia de combustibles fósiles en medio de la inestabilidad energética internacional.
Esta situación de estancamiento infraestructural ha sido combatida por las administraciones locales mediante un plan de construcción de carriles bici que replantee el reparto del espacio público. Cómo la segunda ampliación del de Boadilla del Monte el pasado año.







