Hasta un total de 4.655 ejemplares, en las campañas anuales de renovación de arbolado, reposición de alcorques y sustitución de los que están en riesgo en Boadilla del Monte.
El Consistorio ha plantado 3,2 árboles cada día desde el año 2021, según la cifra total facilitada. Las plantaciones se han llevado a cabo en calles, parques, jardines, medianas, rotondas y zonas forestales, con más de 40 especies arbóreas distintas, seleccionadas con criterios de adaptabilidad, bajo mantenimiento, resistencia al estrés hídrico y beneficios ecosistémicos. Entre las más representativas destacan los pinos piñoneros, moreras sin fruto, cipreses, ligustros, plátanos, encinas, laureles, encinas y otras especies mediterráneas.
Recuerdan que además de mejorar la imagen urbana, regulan la temperatura, reduciendo el efecto isla de calor, capturan CO₂, retienen agua de lluvia, reduciendo el riesgo de inundaciones y mejorando la calidad del agua, filtran contaminantes del aire y favorecen la biodiversidad, al ofrecer refugio y alimento a aves, insectos y otros animales. Además, «son fundamentales para la salud y el bienestar, mejorando notablemente la calidad de vida en la ciudad».
También recalcan que han sustituido árboles en mal estado estructural y se ha dado prioridad a espacios con alcorques vacíos, zonas de nueva urbanización o lugares degradados, especialmente en calles como Secundino Zuazo, Gutiérrez Soto, Jacinto Benavente, Hermanos Machado o Azorín.
Finalmente recuerdan que han desarrollado iniciativas como el Día del Árbol, plantaciones con escolares o mayores, y las que conmemoran el nacimiento de niños cada año.
En relación a los árboles, el pasado marzo hubo algunas quejas vecinales y de Más Madrid por una tala de ejemplares con más de 25 años de antigüedad en las calles Pedro González, Camino de San Sebastián, Joaquín Ramos; así como el trasplante de dos Quercus de 44 años de edad y un Aesculus de 33 años en Eduardo Asenjo.
Fuentes del Consistorio argumentaron a Boadilladigital que Más Madrid ocultaba «que los árboles talados en el casco histórico de Boadilla del Monte se encontraban dañados». También apuntaron a que «su presencia impedía que las aceras fueran accesibles, obviando las necesidades de los vecinos con movilidad reducida».







