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Lluvia, niebla y noche, tres escenarios que disparan el riesgo de accidente

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Lluvia Lluvia niebla y noche tres escenarios que disparan el riesgo de accidenteEn nuestra sección ‘En clave motor’ seguimos en modo invierno, una época junto con el otoño en la que hay tres “enemigos” que aparecen en cualquier trayecto, incluso el más corto: el asfalto mojado, la niebla cerrada y la carretera de noche.

Claves prácticas para ver mejor, frenar antes y agarrarte más a la realidad que al optimismo.

Con lluvia aumenta la siniestralidad (un 7,4% más de media diaria de siniestros en España, según un análisis citado por la revista oficial de la DGT). Galicia, Asturias y Navarra presentan los porcentajes más altos de fallecidos con meteorología adversa sobre su total de muertos en carretera (aprox. 18–20%), muy por encima de la media nacional (9,5%). Madrid se sitúa en un rango intermedio y similar porcentaje  nacional pero menor que en zonas áridas (hasta 27%).

Con la niebla recorta la visibilidad hasta el punto de volver contraproducentes las luces largas, y la conducción nocturna acumula desde 2013 más de 276.000 accidentes con más de 6.500 fallecidos, con una letalidad superior a la de día.

Lluvia: el agarre cambia en segundos

Con lluvia la visibilidad se reduce y la distancia de frenado se alarga. Por eso conviene bajar el ritmo, aumentar la distancia de seguridad y evitar maniobras bruscas. La conducción en mojado exige suavidad: aceleraciones progresivas, volante sin tirones y frenadas anticipadas. Además, el asfalto suele estar más resbaladizo al inicio del chaparrón, cuando se mezcla el agua con polvo, grasa y restos acumulados.

Acuaplaning: cuando la rueda deja de “morder”

En episodios de lluvia intensa o con balsas de agua, puede aparecer el aquaplaning: el coche “flota”, la dirección se aligera y el neumático pierde contacto con el asfalto. Si ocurre, lo prudente es sujetar el volante con firmeza, levantar el pie del acelerador con suavidad y evitar frenazos o volantazos. El agarre suele volver en cuanto la rueda recupera contacto. Aquí influye mucho el estado de los neumáticos: el mínimo legal de dibujo es de 1,6 mm, pero apurar hasta él reduce la capacidad de evacuar agua.

Niebla: menos información, más errores

Con niebla, el problema no es solo ver menos, sino perder referencias de distancia y velocidad. La clave es reducir mucho la velocidad y aumentar el margen con el vehículo precedente. También ayuda tomar como guía las marcas viales para mantener el coche centrado en el carril. Y un detalle que evita sustos: las luces largas suelen empeorar la visibilidad, porque la luz rebota en las gotas y “te devuelve” una pared blanca.

Piloto trasero antiniebla: úsalo solo cuando toca

La antiniebla trasera mejora mucho que te vean, pero no es una luz para llevar siempre encendida. En niebla densa puede ser útil; en cuanto la visibilidad mejora, conviene apagarla para no deslumbrar y no molestar a quien circula detrás.

Noche: más letalidad y más fatiga

La conducción nocturna concentra más riesgo por una combinación sencilla: se ve menos, el deslumbramiento es mayor y la fatiga aparece antes. Además, el cerebro interpreta peor las distancias y la velocidad con poca luz, y los reflejos suelen bajar cuando llevas horas despierto. En carretera, esto se traduce en reacciones más tardías y en errores que, de día, se corrigen con más facilidad.

Lo que puedes hacer hoy, antes de que caiga la tarde

Hay medidas simples que ayudan de verdad. Revisa escobillas y lavaparabrisas, porque en lluvia y barro lo vas a usar más de lo que crees.

Mantén las lunas limpias por dentro y por fuera: reduce reflejos, mejora la visibilidad y ayuda a no fatigarte.

Comprueba que los faros iluminan bien y están correctamente regulados.

Y en cualquiera de estas tres situaciones, aplica la regla más eficaz: reduce velocidad, aumenta distancia y anticipa. No es conducir con miedo; es conducir con margen.

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