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«Asombra la inmovilidad social frente a la discapacidad»

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Asombra la inmovilidad social frente a la discapacidadEl día primero de noviembre es un día muy señalado en el calendario y me sirve para exclamar, antes de argumentar: ¡Por todos los santos!

Asombra pensar que hayan tenido que transcurrir cuatro años para dar la razón a una persona con discapacidad y movilidad reducida a causa de la esclerosis múltiple y con silla de ruedas eléctrica, después de dejarla en tierra por si el motor eléctrico de su único medio de desplazamiento particular pudiera causar problemas. ¿Alguien pensó en su problema real?

Siempre ha habido personas con diversas características físicas a las que se ha calificado con adjetivos que señalaban demasiado y servían de apodo o mal nombre: tullido, lisiado, pata de palo, brazo defectuoso e inservible. Sahibedraa llamaron a Miguel de Cervantes, ‘El cautivo’, que asombrosamente hizo de su defecto virtud y con ello alcanzó la gloria.

La Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social, aprobada por el Real Decreto Legislativo 1/2013, de 29 de noviembre, donde se recogen los diferentes avances que se han ido produciendo en esta materia: integración social de las personas con discapacidad para garantizar sus derechos basados en apoyos complementarios, ayudas técnicas y servicios especializados que les permitieran llevar una vida normal en su entorno (1982), igualdad de oportunidades sin discriminación y accesibilidad universal (2003), reconocimiento de las lenguas de signos españolas y apoyo a la comunicación oral de las personas con discapacidad auditiva y sordociegas (2007), los poderes públicos están obligados a garantizar que el ejercicio de esos derechos  de las personas con discapacidad sea pleno y efectivo (2012). Hasta aquí todo va encauzado a hacer que el día a día sea igual para todos a efectos legales.

la peor ceguera es la los videntes con gafas de ‘empatía opaca’ en montura de ‘eso les pasa a otros’ o  ‘sálvese quien pueda’.

Normativas hay de todo tipo y aunque se intenta romper o suavizar las barreras para que lo cotidiano sea más fácil, es cierto que todavía queda mucho por solventar: edificios sin ascensor, bordillos sin rebajar, aceras estrechas, árboles tan necesarios pero estratégicamente mal ubicados y conservados, bolardos, coches aparcados obstaculizando el paso, otros ocupando las plazas reservadas y bien señalizadas para la movilidad reducida… Asombrosa y larga es la lista de impedimentos para sillas de ruedas y carritos de infantes, a la que se añaden excrementos de los perros (por no hablar de las palomas), desperdicios en la vía pública, patinetes y bicicletas circulando por las aceras… Un plano general que todos vemos, donde otra gran discapacidad también se ve afectada: la ceguera. Los ciegos (y sé de lo que hablo) son sufridores silentes; pero la peor ceguera es la los videntes con gafas de ‘empatía opaca’ en montura de ‘eso les pasa a otros’ o  ‘sálvese quien pueda’.

Asombra encontrar avances tecnológicos y mecánicos antepuestos a correctos usos: se ponen baterías de carga eléctrica en teléfonos móviles, ordenadores, patinetes, bicicletas, sillas de ruedas, coches… y  luego se detecta que eso puede explotar y acarrear graves problemas, hasta perder la vida en algunos casos; después vienen las normativas de uso y de prohibición. No puedo imaginar cómo solucionar el problema, no soy ingeniera.

Para seguir con la movilidad a motor, ¿el patinete eléctrico se hizo teniendo en cuenta el beneficio y el perjuicio? Pese a su prohibición de alquiler en muchas ciudades ¿qué pasa con la circulación de los patinetes particulares donde se ponen normas para el cuidado personal de quien va encima (más de un afectado de gravedad hay), pero se olvida de que circulan sin precaución por vías no autorizadas?

Asombra pensar que no somos conscientes de poder estar en el equipo de los afectados en algún momento de la vida por accidentes o enfermedades…

Lo mismo ocurre con las bicicletas, a motor o a pedales, y sus conductores a los que hay que respetar y proteger en carretera (hay muchos afectados de gravedad, incluso muertos) pero que algunos se saltan a la torera el respeto de los viandantes por las aceras. Las multas existen pero no hay un detector de infracción en cada esquina para comprobar el abuso de poder de estos vehículos que están en manos de conductores de todas las edades, muchos de ellos no instruidos en circulación vial ni en empatía. Y como remate, las empresas de alquiler de estos vehículos de ocio a turistas incluyen traducido en cualquier idioma: “Ancha es Castilla y el resto de lugares” y “Vayan por donde les dé la gana que para eso son vacaciones”.

Hágase de la conducción de estos vehículos un arte, como lo hacían antaño con el uso del carruaje: Guia del cochero, obra de utilidad para los que se dedican a dicho arte, de Juan Artigues y Sitjar (1895), por ejemplo.

Asombra pensar que no somos conscientes de poder estar en el equipo de los afectados en algún momento de la vida por accidentes o enfermedades (quiera el destino que siempre sea todo leve) y necesitar una silla de ruedas a motor o un bastón blanco. Por ello, ante cualquier ley o normativa de obligado cumplimiento y con sanción, optemos por el respeto y la empatía que no cuesta nada y es más gratificante.

Por cierto, días movidos hay muchos y cada uno precisa su reflexión particular, por eso este artículo seguirá próximamente… ¡Con asombro, a por diciembre!

 

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