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«Ormuz: geografía, poesía y teatro»

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Estecho de Ormuz
Imagen del Estrecho de Ormuz desde un satálite.

Hay muchas formas de aprender; con el estudio, con las experiencias personales y grupales, con los asesoramientos externos, con las preguntas a la IA, con la información, la documentación y la comunicación. Todo vale para aumentar el conocimiento, en este caso de geografía, que no es lo mismo que geopolítica (Geografía vs. Geopolítica). Incluso en tiempos bélicos se puede aprender de la ciencia que trata de la descripción de la Tierra, (véase la cita de Mark Twain: “Dios creó la guerra para que los estadounidenses aprendieran geografía”).

Por las noticias que cada día se suceden en diferentes partes del mundo podemos situar geográfica y estratégicamente muchos de esos espacios, sobre todo si se estuvo atento a las lecciones de geografía o si se ha viajado lo suficiente. Aunque puede ocurrir todo lo contrario: no saber ubicar los lugares hartamente nombrados, por falta de interés o por no haber tenido la oportunidad, las ganas o la necesidad de traspasar fronteras. Necesidad diferente, triste y obligatoria, que sucede en los éxodos, cuando el viaje se realiza para huir, para buscar paz y tranquilidad aunque sea en lugares ignotos.

A lo largo de los siglos, dar la vuelta al mundo para conocerlo mejor ha sido la ilusión de los bolsillos más pudientes, de las mochilas más aventureras y de las mentes más ingeniosas (véase a Willy Fog, hijo de papel de Julio Verne, que tardó ochenta días en visitar todos los continentes). Pero por acotar y dando un salto en el tiempo y el espacio (antes medido a tiro de piedra, flecha y bala, o vuelo de paloma mensajera, ahora es por velocidad de crucero y alcance de misil) haremos referencia geográfica (vs geopolítica) al estrecho de Ormuz. Una zona angosta semejante al cuello de una botella entre el golfo de Omán y el golfo Pérsico, que es un punto de máxima relevancia estratégica y la única vía marítima por la que circula un importante porcentaje del petróleo crudo mundial, es decir, por donde el dinero se baña a sus anchas pese a la estrechura del lugar.

Pero Ormuz, como tantos lugares hechos campos de batalla de “cuyos nombres no debemos olvidarnos”, no es solo lugar de paso, “medidor de fuerzas e intereses” y apunte de noticiero, porque en su día fue inspiración de poesía, como el soneto que Francisco de Quevedo escribió en 1622 titulado ‘Al mal gobierno de Felipe IV’ . Versos en tono de reproche al monarca por su gestión y la pérdida de ciertos territorios, entre ellos Ormuz, y dice así:

Los ingleses, Señor, y los persianos

han conquistado a Ormuz; las Filipinas,

del holandés padecen grandes ruinas;

[…]

En nuevo salto pasamos del lamento poético del conceptismo a la poesía exquisita del modernismo gracias a Rubén Darío que publicó en su libro Prosas profanas (1896) uno de sus más célebres poemas, Sonatina, donde afirma y pregunta:

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

[…]

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China

o en el que ha detenido su carroza argentina

para ver de sus ojos la dulzura de luz?

¿O en el rey de las Islas de las Rosas Fragantes,

o en el que es soberano de los claros diamantes,

o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? 

También en teatro aparece Ormuz en la obra Axur, rey de Ormuz, que se estrenó en Viena el 8 de enero de 1788. Una pieza operística tragicómica que puede escucharse entera gracias a Youtube.

Y es que la vida más que poesía es teatro. Una dramaturgia donde cualquiera es protagonista principal, secundario o figurante según el papel asignado por el destino, obligados todos a celebrar funciones, a veces desconociendo el texto, improvisando, desorientados entre la presentación, el nudo y el desenlace de obras escritas a varias manos, representadas en escenarios tan diseminados por la geografía (vs geopolítica) que hasta los “sujetos elegidos para afrontar las escenas más imponentes” desconocen dónde se desarrollan (véase que algunos soldados desconocen la existencia del lugar donde van a combatir).

Por eso, dentro del teatro, siempre es preferible la comedia (con final feliz por mucho enredo que tenga, porque los personajes son libres, dueños de sus actos y conviven con la risa) a la tragedia (donde todo acaba mal y lleva implícito el sufrimiento y la muerte, porque los personaje son esclavos de su destino). Y si todo eso se traslada a la realidad actual, entonces hablamos de una gran tragicomedia realista, con esperado final agridulce, mientras que “exclusivos espectadores” ven la función desde cómodos palcos sin importarles nada más que la recaudación. Eso sin olvidar que el teatro también es farsa, fingimiento, paripé… Sin entrar en más detalles.

Aunque el detalle de este texto es hacer un pequeño homenaje a la Geografía pues el día 5 de  marzo se celebró el Día del Topógrafo Europeo y de la Geoinformación, en honor al nacimiento del cartógrafo Gerardus  Mercator. Homenaje también al Día Mundial de la Poesía, celebrado el 21 de marzo, porque un poema es un poderoso catalizador del diálogo y la paz. Y al Día Mundial del Teatro, celebrado el 27 de marzo por iniciativa del Instituto Internacional del Teatro, y recogiendo los objetivos marcados por la UNESCO: entendimiento, paz y protección de toda expresión cultural y artística, sin importar la edad, el género, el credo y la etnia… Eso sin entrar en más detalles porque la primavera la sangre altera y sube la presión arterial.

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