El obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, bendijo el domingo 28 de junio el nuevo monasterio Belén del Santísimo Sacramento, con el que han comenzado la vida contemplativa de la comunidad de las Hijas de la Sagrada Familia en la Diócesis de Getafe.
El hasta hace unos años convento cisterciense acoge la nueva capilla de adoración perpetua, concebida como un espacio de oración ininterrumpida abierto a los fieles, y supone la número siete en la diócesis, sumándose a las de Alcorcón, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Móstoles y Valdemoro.
Las instalaciones acogen también la Casa de Espiritualidad Santísimo Sacramento, un nuevo centro destinado a acoger ejercicios espirituales, retiros, convivencias y encuentros de formación cristiana, incluyendo la sede del nuevo centro de formación integral destinado a jóvenes, Incarnatus Est, dirigido por el filósofo Fabrice Hadjadj.
Desde la Diócesis de Getafe han destacado que «la bendición del monasterio supone la recuperación de un edificio con una larga tradición de vida consagrada en Boadilla del Monte y garantiza la continuidad de la presencia contemplativa en este espacio, ahora de la mano de las Hijas de la Sagrada Familia«. Además, indican que «el proyecto nace con la vocación de convertirse en un lugar de referencia para la vida espiritual de la diócesis y para cuantos deseen profundizar en la oración y el acompañamiento espiritual» y «refuerza la oferta pastoral y espiritual de Boadilla del Monte».
Congregación joven
Las Hijas de la Sagrada Familia es una congregación de vida consagrada fundada en 2011 por la madre María Jesús Morales en Barranquilla (Colombia). Desarrolla su misión a través de dos ramas: una contemplativa y otra activa.
Su carisma gira en torno a la adoración perpetua al Santísimo Sacramento, unida a una profunda espiritualidad mariana y a la promoción de la consagración a Jesús por María siguiendo la espiritualidad de san Luis María Grignion de Montfort.
La nueva comunidad de Boadilla del Monte, vive en clausura y de forma contemplativa sostiene de manera permanente la adoración eucarística.







