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«El punto violeta ha tenido un recibimiento excepcional en Boadilla del Monte»

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Voluntarios del punto violeta en las fiestras patronales de Boadilla del Monte 2024
Un grupo de voluntarios del punto violeta. (Foto: La Jarana).

Lo ha contado una de sus impulsoras, la vecina Irene Rodríguez Palacios, tras unos días de esta iniciativa voluntaria que volvió a rechazar el Ayuntamiento de Boadilla del Monte.

Tal y como sucedió el pasado año, vecinos de la localidad y de la asociación feminista La Jarana, en colaboración con ediles del PSOE y de Más Madrid Boadilla, pusieron en marcha de forma altruista el punto violeta en las fiestas patronales que comenzaron oficialmente el pasado día 4 de octubre, aunque ellas estuvieron desde el día anterior hasta el sábado.

A la espera de datos definitivos, Irene Rodríguez ha contado que en esta ocasión han sido 22 miembros (con formación específica) que han ofrecido información, asesoramiento y atenciones a mujeres pero también a hombres, para prevenir agresiones sexuales. Además, ofrecían cargadores portátiles a quienes los necesitasen y han ofrecido  acompañamientos a casa a quienes no se sintiesen seguras de hacerlo solas.

«La verdad, hemos tenido un recibimiento excepcional», cuenta a Boadilladigital en esta crónica sobre su labor.

«Partíamos desde la plaza de la Cruz donde el jueves, el día más familiar y tranquilo, hicimos un pegado de carteles en diferentes comercios de la zona que nos lo permitieran y de paso regalábamos pulseras con mensajes como best friends o I love you y pintábamos la cara con purpurina morada a los que estaban preparándose para bajar al Ferial y se animaban a darlo todo». A continuación bajaban al Ferial. «Allí intentábamos tanto repartir panfletos para darnos a conocer y explicar nuestras funciones, como para indicar que cumplíamos con otros servicios como son llevar pequeños botiquines, hacer lanzaderas de acompañamiento para que no volviesen solas a casa o llevar baterías portátiles por si necesitan contactar con alguien».

Otra de sus labores fue la pegada de carteles en las casetas de las peñas que quisieron colaborar. «¡Fue increíble! Todas excepto dos estuvieron encantadas de nuestra participación. Nos comentaban lo contentos que estaban de la labor que estábamos haciendo y nos abrieron los brazos haciéndonos sentir súper bienvenidas, además de empatizar muchísimo cuando les comentábamos que habían declinado el punto violeta por parte del Ayuntamiento y de ahí que todos nuestros medios fuesen autofinanciados».

El viernes y sábado también tuvieron un «gran recibimiento por parte de familias a las que indicábamos nuestra colaboración con Policía, Protección Civil y ambulancias», comenta. Comenzaron en el pregón de las fiestas en la plaza de la Cruz. «Hicimos perritos de globoflexia y actividades infantiles para los pequeños que estaban por allí y cuando cayó la noche bajamos a ver el ferial ya que la gente más joven estaba empezando a bajar para ver los fuegos y prepararse para la disco móvil. Nosotras estuvimos algunas en la puerta repartiendo panfletos y unas pegatinas que eran para tapar las copas y prevenir que puedan atentar por sumisión química en la bebida de nadie; es algo que está bastante en auge y nos daba miedo, de cara tanto a los jóvenes que entran en la carpa, como a la gente que hace botellones cerca».

Rodríguez ha detacado que intentaron que siempre les vean «como amigas

Repartieron unas pegatinas para tapar copas y evitar la sumisión química.

a las que acudir, no como enemigos, ni vigilantes», de forma que les explicaban la situación y para qué servían esas pegatinas. «Muchas chicas las cogían encantadas, muchas otras con miedo pero agradecimiento al sentirse más protegidas de algo que nos puede pasar a cualquiera de nosotras», comenta. Al parecer, también las cogían los chicos para dárselas a sus amigas «porque les parecía una buena iniciativa»; «nosotras la verdad que no le negamos a nadie» subraya.

Esta voluntaria indica: «cualquier duda la respondíamos encantadas, porque considerábamos que era indispensable que dejen de ver el feminismo como algo que va en su contra sino un barco donde estamos todos subidos y hay que remar a la par, por suerte sí vi a muchos chicos involucrados, más de lo que pensaba».

Complicaciones

Cuando entró la noche del viernes, asistieron a un par de chicas que «habían bebido más de la cuenta», las acompañaron, las dieron agua, las llevaron a lugares más iluminados y tranquilos, e incluso, «llegado el punto», llamaron a Protección Civil para que evaluasen su estado y pudieran llevarlas a sus casas o el hospital si fuese necesario.

«El sábado diría que fue el día más difícil. Estábamos todas ya cansadas, tercer día de guardia, sin un punto fijo donde descansar», reconoce. «No he hecho más kilómetros en mi vida; 10 el jueves, 15 el viernes…»

El día 5 había hubo aún más gente joven y notaron «algún que otro vacile de los adolescentes que se tomaban nuestra causa más a risa. Pero se cortaba rápido diciendo que el punto no era para eso. Y solo con eso ya fue suficiente», señala.

Rodríguez cree que muchísimas personas les solicitaron información, sobre todo familias, en su caso. «Me sorprendió gratamente», reconoce. Considera que «la gente joven estaba más vergonzosa, pero se animaron cuando vieron el tapa vasos y solo el viernes repartimos más de 250».

Conclusiones

«Ni un solo reproche o mala respuesta del público, chicos, chicas o padres, madres en general» que les agradecían sus presencia.

Rodríguez apunta a un «desconocimiento total, incluso en las peñas, que el Ayto. no apoyó el punto violeta».

hay muchas zonas sin ningún tipo de vigilancia

También comenta otra situación de un grupo de chicas que se negaba a recibir asistencia. «Tanto ambulancia como Policía estuvieron disponibles todo el rato». Posteriormente, y con ayuda policial, fue atendida y llevada a un hospital.

Asimismo, destaca que «poca gente rechazo el  fliyer o el tapa vaso». «Aunque improvisamos el tema de no tener pajita y quizás inconveniente, si beben alcohol, es peor el efecto». Y la gente se encontraba «feliz con darles purpurina, globos, pulseras; el merchansing funciona».

Por otro lado cree que «hay muchas zonas sin ningún tipo de vigilancia; la entrada a la feria sí, el resto parques o zonas tampoco tan retiradas, a las cuales no se acercan en exceso por la cantidad de trabajo cerca del recinto», y que dentro de la carpa con tanta aglomeración era «difícil de actuar», y «quedó mucho menor dentro para ver al DJ y mucho mayor fuera».

Finalmente, considera que la fiesta de colores para los de 12 a 17 años «no funcionó, que y que «hay un colectivo entre 15 a 17 que se quedó en general sin actividad (ni conocían a Magan, Bustamante etc) en un tramo de hora de 22.00 a 1.00 masivo para ellos».

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