
El seminarista es uno de los cuatro de la Diócesis de Getafe que el pasado sábado realizaron el rito en el que manifiestan su voluntad de ofrecerse a Dios y a la Iglesia Católica confirma su vocación para el sacerdocio.
Una parroquia boadillense vuelve a ser cuna de futuros sacerdotes y se une a otros casos como Iñaki Suárez, seminarista de la localidad al que entrevistó el pasado año Boadilladigital. En esta ocasión, el feligrés y seminarista del Santo Cristo de la Misericordia, Miguel Vinagrero (de Pozuelo de Alarcón), quien fue admitido a Órdenes en la iglesia Divino Pastor de Móstoles, en una celebración que presidió el obispo de la Diócesis de Getafe, Ginés García Beltrán.
Se trata de un paso más en su proceso de formación hacia el presbiterado, a través de un rito litúrgico manifiesta públicamente su voluntad de ofrecerse a Dios y a la Iglesia para ejercer el orden sagrado. La Iglesia, por su parte, al recibir este ofrecimiento, lo elige y lo llama para que se prepare a recibir el orden sagrado, porque entiende que el aspirante ha alcanzado la madurez necesaria y ve en él signos objetivos de vocación al sacerdocio.
Junto a Vinagrero, otros seminaristas diocesanos, Gabriel Braojos, Juan Beamonte y Arturo Castellano, a los que Ginés García Beltrán dirigió unas palabras. Para el obispo, estas cuatro vocaciones son «un milagro» y confirmó que esa llamada «va adelante». Además, recalcó que las vocaciones del Señor se trata de «un milagro especial». En su opinión, son «un gesto de esperanza», ya que estos jóvenes «podrían tomar cualquier camino y sin embargo, sienten una llamada y lo dejan todo para seguir al Señor, sabiendo que es un camino de felicidad, de esperanza, que no se acaba nunca”.
Finalmente les recomendó: “que vuestra pequeñez ante el Señor se convierta en la posibilidad de servirlo, con todo lo que sois y tenéis”.
Por su parte, los cuatro seminaristas del Seminario de la Diócesis de Getafe, manifestaron que “están profundamente emocionados e ilusionados por este paso que dan». Reconocieron que «tienen como todas las vocaciones en la Sagrada Escritura ese miedo de no responder como Él quiere», pero se dejan en manos del Señor que les «precede”.







