En invierno, el arranque es la primera criba del día: si la batería está justa o el coche duerme en la calle, cualquier helada te lo pone difícil. En nuestra sección ‘En clave motor’, explicamos cinco pasos sencillos puedes aumentar las probabilidades de que arranque a la primera y, sobre todo, evitar errores que acortan la vida de la batería y del motor de arranque.
El frío reduce la capacidad de la batería y hace que el motor necesite más esfuerzo para girar. Si a eso le sumas trayectos cortos, consumos eléctricos y alguna pieza ya cansada, el resultado es el típico “clac” o un arranque perezoso. Antes de forzar, conviene seguir un orden básico: minimizar consumos, dar tiempo a la electrónica, arrancar con criterio y, si no va, parar a tiempo.
Y es que la batería es la principal causa de averías de coche en invierno. Es aconsejable cambiarla a partir de 4 ó 5 años o si se notan arranques más lentos. Para protegerla, evitar largos periodos sin usar el coche, intentar que duerma bajo techo y revisar periódicamente el estado de carga y los bornes.
Antes de girar la llave: apaga consumos y “descansa” la instalación
Lo primero es sencillo: luces, luneta térmica, climatizador, asientos calefactados, radio… todo fuera antes de intentar arrancar. Así dejas toda la energía disponible para el motor de arranque. Si tu coche tiene botón de arranque, haz lo mismo: contacto puesto, pero sin cargas eléctricas innecesarias.
Pon el contacto unos segundos y deja que el coche haga su trabajo
Sin arrancar todavía, pon el contacto y espera unos segundos. En muchos coches modernos es el tiempo que necesita la centralita para hacer comprobaciones, presurizar sistemas y estabilizar la electrónica. Si tu coche es diésel, respeta el testigo de los calentadores: espera a que se apague antes de accionar el arranque. Es un gesto pequeño que, en frío, marca la diferencia.
Arranca bien: intentos cortos y sin “ensañarte”
Cuando arranques, hazlo con un intento corto. Si no arranca, no mantengas el motor de arranque “tirando” durante mucho tiempo: es lo que más lo castiga y, además, hunde la batería. La pauta práctica es: intento breve, descansa unos segundos y vuelve a intentar. Si al segundo o tercer intento sigue igual, toca pasar al plan B.
Si va justo, no lo ahogues: nada de acelerones al arrancar
En coches de gasolina modernos y diésel common-rail, acelerar al arrancar no suele ayudar y, en algunos casos, empeora el proceso. Si arranca, deja el motor unos segundos estabilizando el ralentí y evita salir disparado. Al principio, aceite y mecánica están fríos: mejor conducción suave y sin exigir hasta que coja temperatura.
Si no arranca: pinzas o arrancador, pero con método (y sin improvisar)
Si no arranca, evita insistir. Ahí es donde entran pinzas o un arrancador portátil. Hazlo con orden y seguridad: coche en punto muerto o “P”, freno de mano, y conexiones firmes. Si arranca con ayuda, no lo apagues al momento: deja que el alternador recupere carga con un trayecto razonable, no con dos minutos al ralentí. Si te ocurre a menudo, no lo dejes pasar: es la típica señal de batería agotada, bornes sucios o un consumo parásito.
Qué no hacer cuando hace mucho frío
No intentes arrancar con consumos eléctricos a tope. No mantengas el motor de arranque “enganchado” durante largos segundos. No aceleres como si fuese un coche antiguo “para que coja”. Y no te fíes de que “ya arrancará mañana”: si hoy ha ido justo, mañana puede no ir.







