«La violencia de género no es cuestión de clases, ni de edad, toda mujer puede sufrirla»

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Hoy 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en el que se recuerda la cifra de asesinadas pero también, la importancia de los puntos municipales de atención a las víctimas, así como de asociaciones que les prestan ayuda psicológica.

Según datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en el segundo trimestre de año en la Comunidad de Madrid, 6.958 mujeres han denunciado haber sufrido algún tipo de malos tratos. Esto supone un 7 por ciento más respecto al mismo trimestre de 2021.

Sin embargo, y a pesar que cada vez son más quienes se atreven a denunciar, éste resulta el paso más difícil. Casi dos de cada tres fallecidas en manos de sus maltratadores no habían presentado denuncias previas, según datos de la Delegación de Gobierno. De las 38 totales en lo que va de año, el 63,2% no había acudido a la policía.

Madrid es la segunda comunidad cutónoma -junto a Castilla-La Mancha y Cataluña, y solo superada por Andalucía- donde ha habido más víctimas mortales por feminicidio en 2022, con un total de cinco.

Pero además de hacer hincapié en las cifras de fallecidas, el día internacional contra la violencia de género sirve para recordar que hay muchas personas que trabajan día a día para tenderlas una mano y que se sientan acompañarlas cuando deciden salir de su «infierno».

Hace unos días, el Gobierno de la Comunidad de Madrid anunció un nuevo contrato para mejorar las condiciones del servicio de atención psicológica a menores de edad víctimas de violencia de género. Con él, se ampliará de cinco a siete el número de psicólogos infanto-juveniles que prestan trabajan en los Puntos Municipales del Observatorio Regional de Violencia de Género (PMROVG), la Unidad Psicosocial del programa MIRA y los Centros y Servicios para Mujeres.

En el PROMVG aportan una ayudas integral a mujeres maltratadas

Boadilla del Monte

El municipio boadillense cuenta con uno de esos lugares donde atienden a día de hoy a 196 mujeres, y se han incrementado los casos nuevos respecto al año anterior, como contamos ayer en esta semana esta noticia en Boadilladigital. 

La psicóloga del centro asegura que no hay un «perfil» de maltratada, sino que «cualquier mujer por el hecho de serlo es susceptible de sufrir malos tratos. Son de diferentes edades, diferentes niveles culturales, económicos y educativos». Un hecho que demuestra el testimonio de María, una usuaria del PMROVG, con estudios superiores, trabajo e independencia económica, y que cuenta su experiencia en esta carta en nuestro periódico.

«El abuso emocional es el más común. La mayoría de las que vienen aquí a Boadilla, son mujeres independientes económicamente, pero que tienen una dependencia mayor, la de no romper la familia, la del miedo a saber qué pasará con sus hijos…», explica la especialista, que reclama que hay muchas jóvenes que sufren violencia de género y que pocas llegan a este recurso:  «bien porque están en fase de luna de miel, o bien porque minimizan ciertas actitudes machistas y violentas y las normalizan».

Asimismo, afirma que echan «en falta talleres de sensibilización y prevención en colegios e institutos, donde al menos les hacía cuestionarse sobre sus relaciones. Hace tiempo que no se llevan a cabo y creemos que es necesario», recalca.

Echamos en falta cursos de sensibilización en colegios

Las mujeres que acuden en busca de ayuda lo hacen con un estado delicado, con baja autoestima, con miedo e incertidumbre sobre qué pasará en el futuro. De ahí que el tratamiento psicológico especializado en violencia de genero resulte fundamental para su «curación» y «prevención» de este recaer en este tipo de relaciones.

Ayuda integral

Además de este recurso, en el Punto Municipal del Observatorio Regional de Violencia de Género de Boadilla del Monte, tiene diferentes actividades para las mujeres víctimas y sus hijos: talleres de intervención con perros de terapia, escuela para madres, mindfulness y reducción de estrés, psicoeducativo, orientación e inserción laboral, jurídico o uno grupal de apoyo de violencia silenciada.

Este año, por primera vez, han puesto en marcha uno de empoderamiento para fortalecer sus capacidades. Durante cinco sesiones de tres horas cada una, tratan temas como el autocuidado y autoconocimiento femenino, se exploran los puntos fuertes y valores -como pilares que les permitan sujetarse en situaciones límite, y se establecen un plan de acciones de futuro. Así lo explica Lourdes Pérez-Sierra, coach ejecutiva y experta en liderazgo, y responsable de estos talleres. «Cada participante tiene además una sesión de coaching individual para establecer un plan de acción. Se trata de que desarrollen los recursos que ya tienen pero que por su situación personal están ocultos, y que recuperen esas fortalezas. Para ello hacemos una indagación sobre sus talentos para que a partir de ahí, pongan el foco en acción futuro con objetivos realistas pero optimistas», señala.

Ese plan de acción es la base para un futuro que es la principal preocupación de las mujeres víctimas que dan ese paso adelante, y también entre los profesionales, que inciden en la necesidad de educación como la base para evitar conductas violentas. «No todos, pero hay chicos cuyas madres nos transmiten que cuando llegan a la adolescencia, repiten las conductas del maltratador; y también hay mujeres víctimas cuyas hijas también lo son. La educación es fundamental para cortar esta transmisión», asegura la psicóloga.

Día internacional 

Se conmemora anualmente el 25 de noviembre para denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación. La convocatoria fue iniciada por el movimiento feminista latinoamericano en 1981, en conmemoración de la fecha en la que fueron asesinadas, en 1960, las tres hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), en la República Dominicana.

La Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer emitida por la Asamblea General de la ONU en 1993, define esta lacra como «todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada». A partir de 1999, la organización asumió la jornada de reivindicación iniciada, invitando a gobiernos, organizaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales a convocar actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública sobre el problema.

Esta lacra contra mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual. Las cifras anuales de los diferentes organismos demuestran que aún queda mucho por avanzar en este problema social.

Esther Juaranz

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