A los adolescentes se les reconoce poco su dolor ante la pandemia por COVID-19

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Según la Fundación Aprender, «necesitan ser comprendidos y recibir la atención que merecen».

La psicóloga del Centro de Evaluación e Intervención Educativa Corat, Cristina Amérigo, apunta a que “se ha hablado mucho de los niños pero no se ha hablado de los adolescentes. El hecho de estar en ese momento entre la niñez y la adultez hace que no se les tenga en cuenta porque ya no son lo suficientemente pequeños como para depender plenamente del cuidador, pero se nos olvida que tampoco son lo suficientemente maduros como para no acompañarles ni ayudarles en lo que puedan necesitar o de brindarles la atención que requieren”, explica.

A las consecuencias emocionales y sociales se suman las académicas, más significativas aún en el caso de alumnos con dificultades específicas de aprendizaje. “Todo este escenario ha dado lugar a una reinvención de las formas y los métodos con enseñanza online a la que centros educativos y alumnado han tenido que adaptarse a marchas forzadas. Esta adaptación ha supuesto un sobreesfuerzo inmenso de los chicos y las familias por seguir el ritmo y sacar el curso adelante”.

Esta enorme dedicación que, como comenta Cristina, también ha implicado a madres y a padres con una gran cantidad de trabajo y atención doméstica requeridas por la enseñanza virtual, ha hecho que el fracaso escolar no se haya visto recrudecido por la COVID-19.

Fracaso escolar

Según datos del Ministerio de Educación, la tasa de abandono escolar temprano en España, esto es, personas de 18 a 24 años que no han completado la segunda etapa de Educación Secundaria (FP de Grado Medio, Básica o Bachillerato) y no siguen ningún tipo de formación, se situó en el 16  por ciento en el año 2020; en 2019 fue del 17,3 %. Por sexo, en 2019 los hombres representaron un 21,4 %, el porcentaje más alto de todos los países de la Unión Europea, llegando casi a duplicar la cifra de la UE-28. El de las mujeres, con un 13 %, fue también más alto que la cifra de la UE-28 (11,9%).

“Hemos de tener en cuenta que es con 14 ó 15 años cuando generalmente podemos decir que comienza la adolescencia y que son edades especialmente sensibles. Se trata de un momento crítico en el que tienen que asumir que son sujetos construidos y que tienen que dar respuesta a quiénes quieren ser. El fracaso escolar, en ocasiones, es debido a que no han encontrado esa respuesta ni han podido resolver todo esto”, aclara Amérigo.

Se trata de un momento crítico en el que tienen que asumir que son sujetos construidos y que tienen que dar respuesta a quiénes quieren ser

Para esta profesional la solución pasa por que reciban la completa atención que merecen para que recuperen la confianza en sus posibilidades y, con ella, la ilusión y la motivación por seguir creciendo personal y académicamente. “Es necesario que descubran que son capaces y que conozcan cuáles son sus puntos fuertes y no sólo los débiles, que sean conscientes de sus potencialidades. Además, que vean que los demás confían en ellos, va a contribuir, sin duda, a ese cambio de actitud y, por supuesto, también lo va a hacer darles su espacio y su tiempo para que puedan expresarse y que sientan que se les escucha, que no están solos”.

A través de la Fundación Aprender, se ven reflejados en el resto de chicos con los que se apoyan y aprenden a resolver los conflictos entre todos, de forma que descubren que la solución del compañero pueden aplicarla a sus casos. También «hablamos de cómo nos sentimos, de las relaciones con los demás, realizamos actividades de expresión artística, de cooperar en equipo, proponemos retos…”

“En definitiva, con todo esto les ayudamos a encontrar esa respuesta de la que hablábamos antes y, en el momento en que la tienen, siempre con acompañamiento, logran despegar”, concluye.

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